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La alianza PSOE-Podemos es la mejor opción para el largo camino progresista

ALEXIS TSIPRAS | 07 de julio de 2020

EPA/SIMELA PANTZARTZI/Archivo

Atenas, 7 jul (EFE).- Hace cinco años se convirtió en la gran esperanza de la izquierda por su lucha contra las políticas de austeridad de la troika. Hace ahora exactamente un año perdió las elecciones, en un momento en que Grecia se preparaba para vivir sin las ataduras de un rescate.

En entrevista escrita con Efe, Alexis Tsipras cuenta cómo vivió esa derrota, habla de sus logros y fracasos, de sus planes de crear una alianza progresista y de Europa.

El líder de Syriza cree que España tiene ahora el mejor Gobierno, y partiendo de su experiencia como primer ministro cree que lo importante es que la alianza de PSOE y Podemos no pierda la perspectiva a largo plazo y se enfrasque en debates de menor importancia.

Pregunta: ¿Cómo se sintió al perder las elecciones en julio de 2019, justo en el momento en que podía comenzar a gobernar con su propia política, sin el corsé del tercer rescate?

Respuesta: Lo sentí como una oportunidad perdida, no para mí o para nuestro partido, sino para el país en sí. Como ha dicho, superamos dificultades que ningún Gobierno anterior tuvo que afrontar. Y después de ocho años de programas de rescate, llegamos a un punto en el que los griegos finalmente podían forjar su propio destino. Durante todos esos años, el partido conservador se opuso a nosotros con una retórica hostil e incoherente para minimizar lo que nuestro Gobierno había conseguido. Y cuando llegó el día de las elecciones, pudo capitalizar lo que había estado construyendo durante ese tiempo.

Pero permítanme explicar lo que quiero decir con "oportunidad perdida". Asumimos las riendas de un país que estaba literalmente en bancarrota, hundido en la recesión y la austeridad durante 5 años consecutivos, con una tasa de desempleo del 27 % y un pueblo devastado. Después de cuatro años, Grecia recuperó la senda del crecimiento, el desempleo se redujo al 18 % y logramos crear una reserva de efectivos de 37.000 millones (de euros) para afrontar eventuales turbulencias internas o externas.

Personalmente, no guardo rencor. Soy un servidor de mi gente y mi país. Hubiera sido feliz si el siguiente Gobierno hubiera optado por construir sobre los cimientos que colocamos. Pero como habíamos predicho, no ha sido el caso. Es un partido corrupto que hundió a Grecia en una profunda recesión porque le preocupa representar solo los intereses de las élites. Y logró lo impensable: asumió una economía que llevaba creciendo 12 trimestres consecutivos y la arrastró nuevamente a la recesión, ya antes del brote de COVID-19, y luego con las medidas durante el confinamiento.

P: ¿Cuál elegiría como el mayor éxito de su mandato como primer ministro?

R: Primero, es que logramos nuestro objetivo principal, terminar de forma segura la era de los programas de rescate. No es una exageración decir que en 2015 nadie en la UE pensaba que podríamos lograrlo.

En segundo lugar, estoy orgulloso de que a pesar de haber estado obligados a operar con una serie de limitaciones presupuestarias, logramos restablecer y reforzar los principales pilares del Estado de bienestar. Nuestras reformas en la atención médica o en el sistema de pensiones; el aumento del salario mínimo; la red de seguridad que ofrece el Ingreso de Solidaridad Social, que es un ingreso mínimo para los más vulnerables, y otras muchas políticas que fundamentalmente fueron diseñadas para restaurar la cohesión social y, permítame decir, la dignidad de cada ciudadano en Grecia.

Lo tercero es que demostramos que no es necesario suprimir la mano de obra para lograr tasas de crecimiento. De hecho, pudimos impulsar nuestro crecimiento porque redujimos el desempleo al mismo tiempo que restablecimos los pilares de la legislación laboral, que protegen los derechos de los trabajadores.

Y por último, pero no menos importante, estoy orgulloso como patriota e internacionalista de haber puesto fin a una disputa de más de 25 años en los Balcanes. Me refiero al Acuerdo de Prespa que resolvió nuestros problemas con nuestros vecinos de Macedonia del Norte de manera respetuosa con la historia, la soberanía nacional y el derecho internacional.

P: ¿Qué hubiera hecho de otra manera? ¿Cuál fue su mayor fracaso?

R: Creo que subestimamos el poder de comunicación y la fuerza de la propaganda impulsada por los conservadores y sus aliados en los grupos de medios dominantes. Incluso en los últimos días de nuestra campaña electoral había miles de personas que no habían oído hablar de las políticas que habíamos implementado y que efectivamente estaban mejorando sus vidas. Para poder entender el alcance de esto, hay que ver sólo cómo el Gobierno actual está tratando de presentar reformas y políticas que se hicieron en 2017 o 2018 como si fueran propias.

Lo otro es que estábamos tan comprometidos con el proceso de cerrar el programa de rescate de forma segura, estábamos tan enfrascados en las interminables negociaciones con nuestros acreedores que a veces llegamos tarde para abordar problemas, especialmente en lo que respecta a la reducción de la carga fiscal de las pequeñas empresas y de los autónomos.

P: Ahora no solo Grecia sino todo el mundo sufre una nueva crisis, la del coronavirus. Vemos que Europa ahora está lista para gastar dinero para luchar contra la crisis.

R: Visto en retrospectiva, creo que Europa parece haber aprendido la lección. Si la forma de pensar actual hubiera sido la predominante al comienzo de la crisis de 2008, creo que Grecia, España, Italia y otros países no habrían sufrido las consecuencias de una austeridad sin precedentes que devastó a nuestro pueblo. Creo que esta es una señal de esperanza, pero tenemos muchos pasos por delante. Hay países que tradicionalmente incluso se oponen a la sola idea de apoyar financieramente a otros sin una serie de condiciones, es decir, medidas de austeridad. Estoy seguro de que no retrocederán en sus opiniones, pero realmente espero que nuestras instituciones en su conjunto piensen en el largo plazo.

Europa tiene ahora una oportunidad sin precedentes para actuar en conjunto, en términos de solidaridad y cooperación. Y creo que si Europa lo hace, daría un impulso refrescante y reafirmante al ideal europeo que lleva una década en crisis permanente debido al neoliberalismo y al populismo de derechas.

P: ¿Cuál es la principal lección de la crisis? En este contexto ¿cree que Europa ha aprendido de la crisis griega?

R: Creo que Europa debe haber aprendido que no se puede actuar generando divisiones. Todas las reglas que hemos acordado colectivamente deben respetarse. Pero no puedes disciplinar a los países, no puedes poner a un pueblo contra el otro y alimentar el discurso del odio, el populismo y los estereotipos. Me gusta la idea de que Europa y sus instituciones deban actuar como una familia. En una familia, se pueden escuchar docenas de opiniones, puede haber discusiones fuertes e intensas, pero en general, cuando se trata de dar un empujón, todos se ponen hombro con hombro. Porque así, si uno cae, todos lo hacen.

P: Durante la crisis del coronavirus y en relación con los problemas recientes con Turquía, usted evitó crear un clima de tensión con el primer ministro, Kyriakos Mitstotakis. Por el contrario, su postura fue más la de un estadista. ¿Se debe a que todavía lleva dentro el papel de primer ministro o es que Mitsotakis hizo un buen trabajo en estos dos puntos?

R: Durante una pandemia lo único que importa es la vida humana. El Gobierno actuó temprano y estuvo en línea con la mayoría de los países europeos con respecto a las medidas de prevención que había que poner en práctica, y nosotros pusimos todo de nuestra parte reafirmando las instrucciones de los científicos y la OMS para asegurar que todos estén seguros.

Creo firmemente que es una deshonra politizar el dolor y el sufrimiento de una nación, y eso es algo que nunca haría. Estoy profundamente orgulloso de los griegos que hicieron un trabajo increíble para mantenerse a salvo y siguieron las instrucciones del Gobierno, los médicos y la comunidad científica. Pero el virus aún no ha sido vencido, tenemos que seguir poniendo de nuestra parte mientras volvemos gradualmente a la normalidad.

Con respecto a Turquía, mi punto de vista sobre cuestiones de política exterior y, especialmente, sobre nuestra relación con Turquía, es que estas cuestiones deben tratarse con especial responsabilidad. Esto me viene no sólo de mi experiencia como primer ministro, sino que es una opinión que hemos compartido en mi familia política, la Izquierda, y que es tradición progresista en Grecia desde hace décadas, como lo hemos demostrado con el Acuerdo de Prespa.

Nosotros, los griegos, como ustedes, los españoles, sufrimos mucho durante el último siglo a causa de colaboradores de nazis, fascistas y la extrema derecha, que hicieron cosas horrendas en nombre de nuestras naciones. Creo que la tradición del populismo de derechas está todavía muy viva en nuestros respectivos países. Debemos combatirlo a través del antinacionalismo y el patriotismo. Es por eso que sentimos una responsabilidad mayúscula cuando se trata de política exterior y las cuestiones de refugiados. En nuestra visión, Grecia es un país que promueve la paz, el derecho internacional y la cooperación. Un país fuerte y seguro que no amenaza a nadie ni se deja amenazar.

En este contexto, creo que es catastrófico llevar a cabo una oposición populista, particularmente porque las amenazas están aumentando rápidamente en relación con los derechos soberanos de Grecia y la estabilidad y seguridad de la región. He declarado claramente que desempeñaré una posición responsable y patriótica y no actuaré como Mitsotakis y su partido lo hicieron cuando estábamos en el Gobierno. Por ejemplo, cuando sus diputados nos llamaban traidores por el Acuerdo de Prespa, para, tan solo varios meses después, declarar que están sumamente contentos de que Grecia y Macedonia del Norte ahora son fuertes aliados y socios. O los ataques que sufrimos siempre que viajé a Turquía y cuando el presidente Erdogan se convirtió en el primer presidente turco en visitar Grecia después de 65 años. O las acusaciones que escuchamos de que el Gobierno de SYRIZA desencadenó la crisis de refugiados en 2015-2016 porque no estaba implementando la peligrosa política de devoluciones en caliente en el Egeo de ahora, aunque la situación es mucho peor hoy en Lesbos que cuando dejamos el Gobierno.

El comportamiento cada vez más agresivo de Turquía, en relación con la exploración de hidrocarburos en nuestra plataforma continental, los centenares de vuelos sobre las islas griegas y la instrumentalización de los migrantes por parte de Turquía, debe ser afrontado por mi país, y la UE en su conjunto, con determinación y mensajes claros. El mensaje de Grecia en marzo, cuando Turquía violó abiertamente la Declaración UE-Turquía y arriesgó la vida de personas al empujar a migrantes hacia nuestras fronteras terrestres, fue que esto es inaceptable y peligroso.

La Presidencia alemana será una oportunidad importante para mejorar el diálogo de la UE con Turquía, poniendo sobre la mesa la amenaza de sanciones y, al mismo tiempo, la perspectiva de una unión aduanera reformada y un sólido programa de reubicación para que los refugiados lleguen legalmente de Turquía a la UE. Si Mitsotakis se mueve en esta dirección, consolidando el papel de Grecia como pilar de la paz, la estabilidad y el derecho internacional en la región, actuaré positivamente. Si insiste en que el papel de Grecia es ser el "escudo" de la fortaleza Europa, incluso a expensas de las leyes europeas, me opondré a él.

P: En 2015 obtuvo un gran apoyo de Pablo Iglesias y de Podemos. En España había un gran interés por ver si Grecia -como David- podía ganar la lucha contra Goliat, la troika. Estar en el Gobierno le mostró que la responsabilidad del poder destruye automáticamente un montón de sueños. Ahora en España Podemos está en el Gobierno en una complicada constelación con el PSOE. ¿Hay algo de su experiencia personal que quiera compartir con ambos partidos?

R: Creo firmemente que la coalición PSOE y Podemos es el mejor Gobierno, el que España debe tener, especialmente en estos tiempos difíciles. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias son dos políticos progresistas extremadamente capaces e inteligentes, que están haciendo una buena gestión en sus objetivos comunes a la vez que trabajan productivamente dentro de sus diferencias. Nuestra lección es que el proceso político para guiar a la sociedad por un camino progresista es difícil y largo. Esto no es un esprint, es una maratón. Hay que ser consistentes y afrontar los problemas que afectan a la gente en su vida cotidiana. No se puede perder la perspectiva a largo plazo y enemistarse por argumentos menores. Creo que su país está en muy buenas manos.

P: Ahora está tratando de formar un gran movimiento progresista. Algo similar a la constelación que hay actualmente en España, que accedió al poder tras muchas dificultades y después de tres elecciones. Aquí las cosas tampoco parece que van a ser fáciles. ¿Cree que podría volver a gobernar con (el exministro de Finanzas y líder del izquierdista Mera25) Yanis Varufakis? ¿O con (la líder de PASOK) Fofi Genimata? ¿O incluso con (el líder del partido comunista KKE) Dimitris Kutsumbas?

R: La formación de un movimiento progresista y, después, de un Gobierno progresista es algo que va más allá de la suma de los partidos de izquierda y progresistas que hay actualmente en Grecia. Definitivamente tenemos que trabajar para encontrar un terreno común, pero hay que tener claro que la historia y las necesidades de la gente van más rápidas que la política de los partidos. Apostamos por los demócratas y progresistas que nos han votado, o a cualquier otro partido democrático -incluso a los conservadores- en el pasado. Hay cuestiones concretas que sirven a este objetivo: Justicia social, un Estado de bienestar fuerte, educación pública, derechos laborales, abordar el cambio climático, un nuevo modelo productivo para Grecia y muchas más. Estos son los cimientos de una Grecia progresista que tiene en mente todo ciudadano democrático. Queremos llegar a cada uno de estos ciudadanos, porque tienen el poder de impulsar las cosas.

P: Uno de los obstáculos más difíciles en el camino hacia esta alianza es la falta de unidad en su propio partido y dentro de la izquierda. ¿Cómo explicaría a una persona que no se dedica a la política por qué la izquierda históricamente está enfrascada en luchar contra sí misma, mientras que los partidos de la derecha, cuando se trata de tomar el poder, son siempre una familia unida?

R: Hemos logrado la unidad a través del debate y el respeto a las diferentes opiniones. Por lo tanto, para encontrar esa falta de unidad, quizás deba analizar otros partidos. Pero en general, tiene razón al decir que la izquierda tradicionalmente está más dividida que la derecha. Creo que hay una razón bastante simple, que siempre desencadena estas divisiones. La izquierda vive tratando de encontrar las mejores respuestas para mejorar la vida de las personas de manera colectiva y democrática. Las divisiones fueron siempre provocadas por aquellos que pensaban que una idea era más poderosa que la anterior. Al final, cada uno acaba siendo juzgado por cómo una idea fue capaz de mejorar la vida de la gente común, de los trabajadores, los jóvenes, etc.

Por otro lado, lo único que ha perseguido siempre la derecha es aumentar los beneficios de unos pocos, mostrando poco -o a veces ningún- interés por la vida de la mayoría. Esto evidentemente es mucho más simple. Por eso, cuando ven la perspectiva del poder, todos se centran en este simple objetivo. Sus divisiones comienzan a aflorar cuando no se ponen de acuerdo sobre qué parte de las élites se llevará el mayor beneficio durante su gestión.

P: Cuando asumió el Gobierno, muchos políticos de la UE veían en usted el "enfant terrible", incluso el diablo personificado. Cuando lo abandonó, el país tenía mucho menos desempleo y había generado superávit primarios. Finalmente ¿no fueron tan malas las medidas de la troika?

R: Déjeme decirlo de forma muy simple. Las medidas eran malas, porque la receta de la austeridad es y será siempre mala. La diferencia es que fuimos capaces de garantizar los recursos necesarios para equilibrar este efecto. Algunos hechos clave son que pudimos financiar la atención médica, el sistema de pensiones, las escuelas públicas y las universidades, restablecimos los derechos laborales y aumentamos el salario mínimo, mientras pudimos absorber los recursos europeos para apoyar nuevas inversiones. ¿Cómo logramos hacerlo? Principalmente porque honramos los sacrificios del pueblo griego. No éramos corruptos, a diferencia de las administraciones anteriores. Fuimos sólidos en la gestión del presupuesto y teníamos un plan muy específico sobre a quién queríamos apoyar con los recursos que teníamos.

P.- ¿Cuánto tiempo cree que va a pasar para que una izquierda progresista gobierne de nuevo en Grecia?

R: Más pronto que tarde. El actual Gobierno conservador está lidiando con las consecuencias económicas de la crisis de la COVID-19 de la única manera que sabe y es provocando recesión. Asumió las riendas del país con la economía en alza y el paro a la baja, y en tan solo seis meses logró que ambas cosas se esfumaran. Ahora estamos al borde de una catástrofe y las proyecciones de recesión señalan que a fines de 2020 nuestro PIB se contraerá al menos en un 10 %. Decepcionaron a muchos, demasiado pronto. Por supuesto, cuentan con el respaldo de casi todos los grandes grupos de medios, que constantemente distorsionan la imagen real. Pero los problemas reales son hechos, no es algo que simplemente sale en pantalla.

Creo que volverá a llegar el momento para aquellos que han demostrado que saben hacer su trabajo. Un Gobierno progresista que garantizará la justicia social, el crecimiento sostenible y una vida mejor para todos los griegos.

Ingrid Haack

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