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Una efímera tiza para no olvidar nunca a las víctimas del Holocausto

AUSTRIA NAZISMO | 28 de junio de 2018

Fotografía facilitada por el proyecto "Escribir contra el olvido" de la artista alemana Margarete Rabow, de uno de los voluntarios que colabora en esta iniciativa escribiendo nombres de los judíos austríacos que fueron asesinados por los nazis, hoy en el suelo del parque Prater de Viena para recordar a las víctimas del Holocausto. " EFE

Viena, 28 jun (EFE).- Regine Händel, Rudolf Glück, Anna Hajek... Así, hasta los 66.000 nombres de los judíos austríacos que fueron asesinados por los nazis, han sido escritos con tiza en el suelo de un parque de Viena para recordar a las víctimas del Holocausto.

"Escribir contra el olvido" es el nombre de una iniciativa que comenzó a forjarse hace tres años en la mente de la artista alemana Margarete Rabow, quien sólo ahora ha podido hacer realidad este proyecto.

"Me gusta emocionar a la gente y esta es una manera especial de lograrlo. La gente puede ver los nombres y también participar escribiéndolos, si quieren", explicó Rabow a Efe.

Varias ONG y 500 voluntarios han colaborado durante una semana para escribir en tiza blanca sobre el suelo del famoso Prater de Viena los nombres de esos 66.000 ciudadanos austríacos que fueron asesinados por ser judíos.

Muchos particulares y también clases enteras de varios colegios han ido escribiendo los nombres, en turnos de unas dos horas, hasta cubrir casi dos kilómetros en el paseo principal del parque.

Un lugar que, recuerda Rabow, no fue su primera opción.

Quería hacerlo en la avenida Ring, la principal arteria de Viena, que pasa por delante de edificios como la Ópera, el Parlamento o el Hofburg, el antiguo palacio imperial, pero la solicitud fue rechazada por motivos de seguridad y tráfico.

Así que finalmente se optó por uno de los parques más representativos de la capital austríaca, el Prater, "en el que se prohibió la presencia de judíos" durante el nazismo, apunta Rabow.

Allí, en el Prater, está la Riesenrad, la noria gigante que es símbolo de la ciudad, y que en 1938 fue expropiada por los nazis a su dueño, Eduard Steiner, un austríaco judío que murió en el campo de exterminio de Auschwitz.

Rabow, cuyas obras siempre giran en torno a la memoria social e individual, ha contado también con la colaboración del DÖW, una institución pública que se dedica a investigar y a que no se olviden los años del nazismo en Austria (1938-1945).

De este archivo han salido los 64.011 nombres de las víctimas de las que se tiene constancia documental. Para recordar a los varios miles de muertos que no han podido ser identificados, Rabow ha optado por escribir la palabra "desconocido".

Varios centenares de tizas blancas han sido los instrumentos de un recuerdo que, debido a la lluvia, Rabow reconoce será efímero y que apenas durará una semana.

De hecho, el mal tiempo de los últimos días ha acortado aún más la vida del proyecto, ya que los nombres escritos durante las primeras jornadas ya han desaparecido.

Sin embargo, para que no caigan de nuevo en el olvido, se han grabado todos ellos con una cámara.

El objetivo es montar un vídeo documental que durará unos 50 minutos y que mostrará durante unos segundos un primer plano de todos y cada uno de los nombres.

"Queremos que se proyecte en un cine de Viena el 9 de noviembre al anochecer, coincidiendo con el aniversario de la Noche de los Cristales Rotos", indica Béla Rásky, director en Viena del Instituto Wiesenthal para los Estudios sobre el Holocausto, la principal entidad colaboradora del proyecto.

En la noche del 9 al 10 de noviembre de 1938 se produjeron ataques y linchamientos contra ciudadanos judíos en Austria y Alemania, con el consentimiento de las autoridades.

En Viena, por ejemplo, fueron destruidas un centenar de sinagogas y lugares de oración.

Rásky asegura que decidieron trabajar junto a Rabow porque "en general, la memoria histórica se ha convertido en algo ritual, aburrido, que a la gente no le importa de veras".

Sin embargo, este proyecto sirve para identificar a las personas detrás de los nombres y que no queden reducidas a "sólo un número".

"Lo estudiamos en el colegio, vamos a museos, lo vemos en la televisión" pero no es suficiente, advierte.

Rásky cree que es además necesario "invitar a personas anónimas" a que puedan rendir su particular homenaje a las víctimas para así encontrar "nuevas formas de recordar".

Iera Herranz

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